Cuando planeé mi departamento y le di seguimiento durante la obra, no se trataba para mí de metros cuadrados, equipamiento o “más de lo bueno”. Se trataba de construir una estructura general sólida a lo largo del tiempo. Uso este ejemplo para mostrar mi forma de pensar y cómo de ella surge mucho valor agregado para otras personas.
Para varios futuros posibles
El departamento no solo debía funcionar para una situación de vida actual, sino para varios futuros posibles. Quería pensar todo esto en conjunto antes de que las decisiones fueran definitivas:
Uso y adaptabilidad
Renta parcial, funcionalidad en el día a día
Desarrollo tecnológico
Movilidad, energía
Seguridad
Acceso, comodidad cotidiana
Sistémico en lugar de aislado
Por eso, durante la obra no planeé de forma aislada, sino sistémica:
- ¿Cómo se combinan el suministro de energía, la movilidad y el confort en casa?
- ¿Qué decisiones se pueden corregir después y cuáles no?
- ¿Qué afecta y controla la seguridad, el acceso y la comodidad cotidiana?
- ¿Dónde vale la pena invertir desde temprano?
Así pude evitar dependencias, limitaciones o remodelaciones costosas más adelante.
Lo que surgió
Arquitectura energética flexible
Paneles solares (una planta solar de balcón) y, más adelante, almacenamiento descentralizado.
Infraestructura de carga preparada
para la movilidad eléctrica.
Cableado de red completo
hasta el sótano y los cuartos de servicio.
Solución de seguridad y acceso
que permite distintos escenarios de uso y de renta.
También en detalles como el reparto de las llaves, la ubicación de equipos como los interfones con video, la accesibilidad o la distribución de los espacios, no me dejé guiar por la estética, por consideraciones puramente técnicas ni por el “así se hace”, sino que opté por la funcionalidad, la flexibilidad y la viabilidad en el tiempo.
Nunca se trató de maximizar aspectos individuales, sino de que encajaran entre sí. Es decir, que la tecnología, la vida diaria, la preparación para el futuro y la conservación del valor no se contradijeran, sino que se apoyaran mutuamente.
Cada decisión se revisó en función de los efectos secundarios que genera, y no solo a corto plazo, sino a lo largo de los años.
El resultado
Un departamento que hoy funciona de maravilla, pero que también sirve para otros modelos de vida:
- para familias
- para rentar cuartos por separado
- para recibir a una persona cuidadora
- para otros conceptos de movilidad y energía
- para rentarlo o venderlo
Mucho es de alta calidad y, desde algunas perspectivas, opcional, pero sobre todo es robusto, ampliable y abierto al desarrollo.
Trasladado a otros contextos
Así trabajo también en otros contextos: no empiezo con soluciones, sino con el espacio de decisión. Pienso qué factores son importantes, cómo se influyen entre sí y dónde se preparan o se bloquean hoy decisiones posteriores.
El valor agregado no surge de una sola buena idea, ni tampoco de un concepto lleno de ideas, sino de que las decisiones clave no pasen por alto lo esencial.
Más sobre el método: Decision Architecture.

